“El origen del nombre de la banda es medio azaroso, digamos que el nombre nos encontró a nosotros… El atolón de Funafuti es una isla en Oceanía. Y encontramos muchos paralelos entre esa imagen y la de nosotros como banda de rock dentro de lo que hoy son la industria y el circuito de ese género”, dice Tino Moroder, voz y guitarra de una banda que se reconoce como “una formación clásica de folk rock americano, con violín incluido” y que prefiere eludir la sombra de las influencias pero admite al clásico blues de Albert King y John Lee Hooker como mojones de una ruta posible. El apellido artístico de Tino no tiene nada que ver con un homenaje al célebre Giorgio, figura de la música disco italiana, sino con uno mucho más familiar, dedicado a su bisabuelo, Leo Moroder, un gran escultor. “Lo uso desde que empecé con la música”, aclara.
“Yo prefiero no hablar de influencias, sino más bien de música que nos gusta. Es mucha y de muy variados estilos. Somos seis, y todos venimos de tocar y estudiar mucha música, desde rock hasta contemporánea. Un gran abanico…”, agrega el Moroder argentino, que a la hora de elegir un disco que le haya cambiado la vida no duda: “The Wall, de Pink Floyd. Es un disco que escuché mucho de chico. Y también fueron importantes otros vinilos que les robaba a mis padres y escuchaba a escondidas, casi todos de blues”.
El Atolón de Funafuti editó su primer álbum, Pequeños rostros en piezas, en 2007, con el apoyo de una compañía discográfica tradicional. El que acaba de salir –titulado El ritmo del jardín-, en cambio, fue editado por la propia banda, lo que les permitió “más libertades y más control sobre la distribución y la prensa”, asegura Tino. “Fue una elección, pero también es verdad que hoy es difícil que te acerquen una propuesta seria. Todos hablan mucho y no dicen nada”.
Sobre el rock nacional, Moroder opina que “hay cosas buenas, sí, pero hay que bucear en el under para encontrarlas. Si prendo la radio y escucho las bandas que suenan, siento que son clones, tributos y copias de copias. Entiendo que el negocio lleve a que las fórmulas ya conocidas y exitosas se vuelvan a repetir y que así gira la rueda, pero las ruedas se gastan y se pinchan, también. Una banda que me gusta mucho es El Pastor & La Joven Guarrior. Eso sí es novedad”.
Para este año, El Atolón de Funafuti planea girar por todo el país para mostrar las canciones de El ritmo del jardín, luego de una exitosa presentación oficial en The Roxy Live! Por lo pronto, el 22 de mayo estarán en El Marquee Session Bar de Villa Crespo y más tarde, en Concepción del Uruguay, Entre Ríos (28 de mayo) y Montevideo, Uruguay (29 de mayo). “Para conseguir lugares para tocar hay que ser precavido y armar las movidas con tiempo. Sobre todo si intentás mantener la calidad de los shows. Lugares hay, y son bastantes más que hace dos o tres años. Pero los buenos, los que tienen condiciones mínimas para que el público vea un buen concierto, son pocos”.
Por Alejandro Lingenti.
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